Pena en Observación
Me parece curioso ese argumento, generalmente aceptado, de que cuando uno sufre un dolor es una "debilidad" refugiarse en Dios, que es propio de simples y gente inculta buscar consuelo en "un ser superior", que es de debiles no seguir adelante...
A mi me parece que es exactamente al contrario; creo que cuando el dolor llama a tu puerta, o mejor dicho cuando el dolor, descerraja tus goznes, y, como ariete, hace añicos tus puertas, es un acto de cobardia plantarse en "la vida sigue" (¡no permitas que te suelten tan estupida coletilla!).
Hay momentos en la vida, que uno se tiene que detener al borde del camino, y hacerse esas preguntas, que probablemente ha estado demorando... pero eso, mi querido amigo, es solo para "valientes", desde luego, no para debiles.
Y desde luego, nadie te pide que dejes tu "inteligencia" a un lado, y menos que hagas preguntas...
De C. S. Lewis, se pueden decir muchas cosas, pero desde luego ni era "un simple, ni gente inculta", estudio Filosofia y Literatura, fue profesor en Oxford y Cambridge, tutor y miembro del Consejo de Gobierno en Oxford. Tiene formidables articulos y libros. Un queridisimo amigo, me ha dejado un pequeño librito suyo que no conocía:
"Una pena en Observación"
C. S. Lewis. versión de Carmen Martín Gaite. Editorial Anagrama, colección "Panorama de Narrativas"
En el, el autor, enfrentado a la muerte de su esposa (H. la llama en el libro, por Hellen), toma una especie de diario en el que se va enfrentando con algunos de sus sentimientos y pensamientos... Tiene algunos realmente interesantes.
Os dejo una selección interesante, pero os recomiendo el libro:
LA PENA COMO MIEDO. ASI EMPIEZA EL LIBRO.
“Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo. Yo no es que esté asustado, pero la sensación es la misma que cuando lo estoy. El mismo mariposeo en el estómago, la misma inquietud, los bostezos. Aguanto y trago saliva.
Otras veces es como si estuviera medio borracho o conmocionado. Hay una especie de manta invisible entre el mundo y yo. Me cuesta mucho trabajo enterarme de lo que me dicen los demás. Tiene tan poco interés. Y sin embargo quiero tener gente a mi alrededor. Me espantan los ratos en que la casa se queda vacía. Lo único que querría es que hablaran ellos unos con otros, que no se dirigieran a mí”
NO HAY ABSOLUTOS. CADA HORA, CADA MOMENTO QUE LLEGA.
“ (...) Y sin embargo la propia H., cuando se estaba muriendo de cáncer, y perfectamente consciente de la cuestión, dijo que había perdido gran parte del horror que antes le tenía. Cuando llego la hora de la verdad, el hombre y la idea estaban ya desactivados en alguna medida. Y hasta cierto punto, casi lo entendí. Esto es muy importante. Nunca se encuentra uno precisamente con el Cáncer o la Guerra o la Infelicidad (ni tampoco con la Felicidad). Solamente se encuentra uno con cada hora o cada momento que llegan. Con toda clase de altibajos: cantidad de manchas feas en nuestros en nuestros mejores ratos y de manchas bonitas en los peores. No abarcamos nunca el impacto total de lo que llamamos “la cosa en sí misma”. Pero es que nos equivocamos al llamarla así. La cosa en sí misma consiste simplemente en todos estos altibajos, el resto no pasa de ser un nombre o una idea. Es increíble cuánta felicidad y hasta cuánta diversión vivimos a veces juntos, incluso después de que toda esperanza se había desvanecido. Qué largo y tendido, qué serenamente, con cuánto provecho llegamos a hablar aquella última noche, estrechamente unidos.”
EL ROSTRO DEL AMADO EN LA IMAGINACION, ¿POR QUÉ DIFÍCIL?
“No conservo ninguna fotografía suya donde quedara un poco bien. Ni siquiera en mi imaginación soy capaz de reproducir su cara con todo detalle. Y sin embargo, el rostro extraño de cualquier desconocido atisbado esta mañana entre la multitud puede presentarse ante mí con nítida perfección al cerrar los ojos por la noche. La explicación es bastante sencilla, creo yo. Los rostros de los seres a quien mejor hemos conocido, los hemos visto desde tantos ángulos, bajo tantos luces y dotados de tantos expresiones (paseando, durmiendo, riéndose, llorando, comiendo, hablando o pensando), que todas estas impresiones se nos enmarañan simultáneamente, dentro de la memoria y quedan confundidas en un simple borrón. Pero su voz está todavía viva. Su voz añorada que en el momento menos pensado me puede convertir en un niño que se echa a llorar.”
COPOS DE NIEVE. IMAGEN DIFUMINADA.
“Poco a poco, quedamente, como copos de nieve -como esos pequeños copos que empiezan a caer cuando va a nevar toda la noche-, así de pequeños copos de mí, de mis impresiones, de mis propias selecciones, se van posando sobre la imagen de ella. Al final, la silueta real quedará bastante difuminada. Diez minutos, diez segundos de la H. real corregirían todo esto. Y a pesar de todo, incluso si esos diez segundos fueran concedidos, un segundo más tarde los pequeños copos empezarían a caer de nuevo. El áspero, agudo, tonificante regusto de su otredad se ha esfumado”
¿QUE PASA CON EL MUNDO PARA QUE SE VUELVA TAN CHATO, TAN MEZQUINO?
“No es verdad que esté pensando siempre en H. El trabajo y la conversación me lo hacen imposible. Pero los ratos en que no estoy pensando en ella puede que sena los peores. Porque entonces, aunque haya olvidado el motivo, se estiende por encima de todas las cosas una vaga sensación de falsedad, de despropósito. Como en esos sueños en que no ocurre nada terrible -ni siquiera que parezca digno de mención al contarlos a la hora del desyuno-, y sin embargo la atmósfera y el sabor del conjunto son mortíferos. Pues igual. Veo rojear las bayas del fresno silvestre y durante unos instantes no entiendo por qué precisamente ellas pueden resultar deprimentes. Oigo sonar una campana y una cierta calidad que antes tenía su tañido se ha esfumado en él. ¿Qué pasa con el mundo para que se haya vuelto tan chato, tan mezquino, para que parezca tan gastado? Y entonces caigo en la cuenta.
Ésta es una de las cosas que más miedo me dan. Las agonías, los momentos nocturnos de locura, siguiendo un curso natural, tendrán que acaban por desvanecerse. Pero ¿y qué viene luego? ¿Nada más que esta apatía, esta mortal insulsez? ¿Llegará un día en que deje de chocarme que el mundo me parezca una calle tan estrecha, por haber llegado a aceptar la sordidez como cosa normal? ¿Es que la pena acaba por desleírse en aburrimiento matizado por una ligera náusea?”
CUANDO SUBE LA APUESTA. UN PUÑETAZO QUE ENTONTECE.
“Sentimientos, sentimientos, sentimientos. Vamos a ver si en vez de tanto sentir puedo pensar un poco. Desde un punto de vista racional, ¿qué nuevo factor ha introducido la problemática del universo de la muerte de H.? ¿Qué pie me ha dado para dudar de todo lo que creo? Yo ya sabía que estas cosas, y otras peores, ocurren a diario. Y habría jurado que contaba con ello. Me habían advertido -y yo mismo estaba sobre aviso- que no contara con la felicidad terrenal. Incluso ella y yo nos habíamos prometido sufrimientos. Eso formaba parte del programa. Nos habían dicho: “Bienaventurados los que lloran”, y yo lo aceptaba. No me ha pasado nada que no tuviera previsto. Claro que es diferente cuando una cosa así le pasa a uno y no a los demás, cuando pasa en realidad, no a través de la imaginació. Sí, pero a pesar de todo, ¿puede suponer una diferencia tan enorme para un hombre en sus cabales? No. Ni tampoco para un hombre cuya fe no fuera de pacotilla y al que de verdad le importaran los sufrimientos ajenos. La cuestión está bien clara. Si me han derribado la casa de un manotazo, es porque se trataba de un castillo de naipes. La fe que “contaba con todas esas cosas” no era fe, sino simple imaginación. Tomarlas en cuenta no significaba simpatizar realmente con ellas. Si a mí me hubieran importado -como creí que me importaban- las tribulaciones de la gente, no me habría sentido tan disminuido cuando llegó la hora de mi propia tribulación. Se trataba de una fe imaginaria jugando con fichas inocuas donde se leía “Enfermedad”, “Dolor”, “Muerte” y “Soledad”. Me parecía que tenía confianza en la cuerda hasta que me importó realmente el hecho de que sujetara o no. Ahora que me importa, me doy cuenta de que no la tenía.
Los jugadores de bridge me dicen que tiene que haber algun dinero circulando en juego porque si no “la gente no se lo toma en serio”. Parece que esto también es algo así. Se puede apostar por Dios, por un Dios bueno o por el Sádico del Cosmos, por la vida eterna o por la nada, pero depende de lo que se haya expuesto en el envite el que éste sea serio o no lo sea. Y nunca se entera uno de lo serio que era hasta que las apuestas se disparan a una altura horrible; hasta que se da uno cuenta de que no está jugando con fichas o con calderilla, sino que lo que está en juego es hasta el último penique que puede llegar a adquirirse en el mundo. Nada más que eso es capaz de zarandear a un hombre -o por lo menos a un hombre como yo- y sacarlo de sus pensamientos de boquilla y de sus creencias meramente especulativas. Tiene que sentirse entontecido por el puñetazo para poder volver luego a sus cabales. Solamente la tortura saca a la luz la verdad. Sólo bajo tortura podrá el hombre descubrirse a sí mismo.
Y seguramente también trendré que admitir -H. me habría obligado a admitirlo de inmediato- que, is mi casa era un castillo de naipes, cuanto antes me lo derribaran, mejor. Y ese derribo no lo logra más que el sufrimiento. Pero ahí es donde el Sádico del Cosmos y Eterno Despiezador se convierte en una hipótesis innecesaria.”
SÁDICO/CIRUJANO. BALBUCEOS. SI PUEDERA PONERME EN SU LUGAR...
“Lo más horrible es que, en estos asuntos, un Dios bueno a carta cabal resulte menos de temer que un Sádico del Cosmos. Cuanto más creemos que Dios nos hace daño solamente por nuestro bien, menos capaces somos de concebir que implorar compasión no vaya a servir de nada. Un hombre cruel puede ser sobornado, puede llegar a cansarse de su abyecto deporte, puede tener un ataque transitorio de piedad, igual que los alcohólicos atraviesan fases de sobriedad. Peor imagina quien te pone en una aprieto es un cirujano cuyas intenciones son buenas sin sombra de maldad alguno. Cuanto más acendradas sean su bondad y su esmero, más inexorable se mostrará en manejar el bisturí. Si cediese a nuestras suplicas, is interrumpiese la operación antes de darla por concluida, todo el dolor padecido hasta ese momento no habría servido para nada. Pero ¿es posible creer que una tortura llevada a tales extremos le venga bien a nadie? En fin, cada uno que piense lo que quiera. Las torturas tienen lugar. Si son innecesarias, es que no existe Dios o que el que hay es malo. Si existe un Dios bienintencionado, será que esas torturas son necesarias. porque ningún Ser medianamente bueno podría infligirlas o permitírselas, si hubiera ota remedio.
De un modo o de otro, hay que pasarlas.
¿Qué quiere decir la gente cuando afirma: “Yo a Dios no le tengo miedo porque sé que es bueno”? ¿Han ido al dentista alguna vez?
El caso es que esto es insoportable. Y me pongo a balbucear: “Si pudiera aguantarlo, o por lo menos una parte, la peor, sufrirlo yo en vez de ella.” Pero no se puede saber hasta qué punto va en serio esta oferta, porque en realidad no se ha apostado nada. Si de repente “sufrir en vez de ella” se convirtiera en una posibilidad real, entonces por primera vez nos daríamos cuenta de la importancia de su significado. ¿Se nos ha permitido esto alguna vez?.
Se le permitio a una Persona, según nos han contado, y me doy cuenta de que ahora puedo volver a creer que Él hizo en nombre de otro todo lo que es posible hacer en ese sentido. Y Él contesta a nuestro balbuceo: “No puedes y no te atreves. Yo pude y me atreví”.”
PENA COMO MIEDO... SUSPENSE. EL MOTORCITO DE RESERVA EN LA TEMPESTAD
“¿Por qué le doy cabida en mi mente a tanta basura y bagatela? ¿Acaso espero que disfrazando de pensamiento mi sentir, voy a sentir menos intensamente? ¿No son todas estas notas las contorsiones sin sentido de un hombre incapaz de aceptar que lo único que podemos hacer con el sufrimiento es aguantarlo? Un hombre empeñado en seguir pensando que hay alguna estrategia (que es cuestión de encontrarla) capaz de lograr que el dolor no duela. Pero en realidad da igual agarrarse crispadamente a los brazos del sillón del dentista que dejar las manos reposando en el regazo. El taladro taladra igual.
Y la pena se sigue sintiendo como miedo. Aunque tal vez fuera más exacto decir que como un “suspense”. O como una expectativa; eso es. Es como estar colgado a la espera de algo que va a pasar. Esto confiere a la vida una sensación permanente de provisionalidad. Parece como si no valiera la pena empezar nada. No soy capaz de encontrar asiento, ando azogado y nervioso, bostezo, fumo muchísimo. Antes nunca llegaba a tiempo para nada. Ahora no hay nada más que tiempo. Tiempo en estado casi puro, una vacía continuidad.
Éramos uña y carne. O, si lo preferís, un solo barco. El motor de proa se fue al garete. Y el motorcito de reserva, que soy yo, tienen que ir traqueteando a duras penas hasta tocar puerto. O, mejor dicho, hasta que acabe el viaje. ¿Como voy a poder alcanzar el puerto? Más que una orilla resguardada, lo que hay es una noche oscura, un huracán ensordecedor, olas gigantes que se te echan encima y el oscilar en el naufragio de cualquier luz que brille en tierra. Así era la recalada de H. Y también la de mi madre. Me refiero a su forma de avistar tierra, no a su forma de llegar”
COPAS. MATRIMONIO... SU PROPIO NIVEL DE PERFECCIÓN
“Salomón llama Hermana a su novia. ¿Pudo ser una una mujer esposa cabal sin que en algún momento, bajo un peculiar estado de ánimo, un hombre no se sintiera inclinado a llamarla Hermana?
De nuestro matrimonio me veo tentado a decir “que era demasiado perfecto para durar”. Pero esto puede entenderse en dos sentidos. Se puede tomar como una frase encarnizadamente pesimista, como si Dios, en cuanto se hubiera dado cuenta de que dos de sus criaturas eran felices, hubiera dado el frenazo (“¡Aqui no consentimos nada de eso!”). Como la anfitriona de una fiesta cuando separa a dos de sus invitados tan pronto como éstos dan muestras de estar anudando una verdadera conversación. Pero también puede querer decir: “Este asunto ha alcanzado su propio nivel de perfección. Ya ha llegado adonde estaba llamado a llegar. Así que no hay razón para que se prolongue”. Como si Dios dijera: “Está bien, habéis hecho una obra maestra de este ejercicio. Estoy muy contento de ello. Y ahora ya estáis capacitados para acceder al próximo•. Una vez que ha aprendido uno a hacer ecuaciones de segundo grado y a divertirse haciendolas, no hay por qué seguir demorándose en ello. EL profesor nos incita a progresar.”
VIRTUDES “MASCULINAS Y FEMENINAS”
“Porque realmente aprendimos algo y lo llevamos a su consumación. Ya se esconda o se ostente, hay siempre una espada entre uno y otro sexo, hasta que un matrimonio cabal los reconcilia. En nosotros, los hombres, es arrogancia llamar “masculinas” a la franqueza, la justicia, y la caballerosidad, cuando se dan en una mujer. Y en ellas es arrogancia adjetivar de “femeninos” el tacto, la ternura y la sensibilidad de un hombre. Pero también lo más que pueden hacer esos pobres y pervertidos fragmentos de humanidad, meros hombres y mujeres, es sacar provecho de las implicaciones de esta arrogancia. El matrimonio brinda un remedio. Juntándose uno con otro llegan a ser plenamente humanos. “Dios los creó a su imagen y semejanza”. Y de ahí se deriva, paradójicamente, que este carnaval de sexualidad nos conduzca más allá de nuestro propio sexo.”
“ENVIADAS PARA PROBARNOS”
“¿Y hasta dónde he llegado con esto? Pues creo que tan lejos como un viudo de otra indole que, dejando por un momento de curvarse sobre el azadón, contestase así a nuestras preguntas: “Alabado sea Dios. De nada sirve lamentarse. La echo de menos de una manera horrible. Pero dicen que estas cosas nos vienen enviadas para probarnos”. Hemos llegado al mismo punto: él con su azadón, y yo -que no estoy ahora precisamente en condiciones de ponerme a cavar- con mi propio instrumento. Claro que lo de “enviadas para probarnos” conviene entenderlo a derechas. Dios no ha estado ensayando un experimento sobre mi fe o mi amor con vistas a poner en claro sus calida. Esa calidad ya la conocía Él. Era yo quien no la conocía. En este juicio Dios nos obliga a ocupar al mismo tiempo el banquillo de los acusados, el escaño de los testigos y el tribunal. Él siempre supo que mi templo era un castillo de naipes. Su única manera de metérmelo en la cabeza era desbaratarlo.”
EL “RESTABLECIMIENTO”.
“¿Tan facil era el restablecimiento? Pero no, las palabras son ambiguas. Decir de un paciente que se está restableciendo tras una operación de apendicitis es una cosa, y otra muy distinta aplicárselo a alguien a quien han amputado una pierna. En una operación como está, una de dos: o el muñón herido cicatriza o el paciente muere. Si cicatriza, el atroz y continuado dolor cesará. Ese hombre, en adelante, tendrá que sacar fuerzas de flaqueza para andar lo mejor posible con la pata de palo. Se ha operado “un restablecimiento”. Pero lo más probable es que a lo largo de toda su vida siga teniendo dolores recurrentes en el muñón, y seguramente bastante malos de aguantar. Y siempre será un hombre con una pierna mutilada. Será difícil que pueda olvidarlo ni por un momento. Al bañarse, vestirse, sentarse y volverse a levantar, incluso estar metido en la cama, todo se habrá vuelto distinto. Habrá cambiado su estilo total de vida. Toda clase de placeres y actividades que antaño daba por naturales, de pronto le están vedados sin más. Y tambien los derechos. Ahora estoy aprendiendo a andar con muletas. Dentro de poco puede que me pongan una pierna ortopédica. Pero nunca más volvere a ser un bípedo.
No se puede negar que en cierto sentido “me encuentro mejor”, pero de repente con eso me viene una especie de vergüenza y la sensación de que estoy sometido a algo así como un deber de mimar, fomentar y hacer duradera mi propia infelicidad. Había oído hablar de esto en los libros, pero nunca imaginé que me iba a pasar a mí. Estoy seguro de que a H. no le gustaría. Me diría que no fuera tonto. Y casi seguro que Dios me diría lo mismo. ¿Qué se oculta detras de todo esto?
En parte vanidad, sin duda. Queremos mostrarnos a nosotros mismos que somos amantes superiores, héroes de tragedia griega. No seres corrientes y molientes engrosando el inmenso batallón de los afligidos y esforzándose por sacarle el mejor partido posible a una tarea ingrata. Pero con esto no queda totalmente explicado el asunto.
Creo que es tambien una cuestión de despiste. No deseamos realmente que la pena se prolongue en su primer estadio de agonía. Nadie podría desear eso. Pero deseamos algo más, algo de lo que la pena es normal síntoma, y lo que pasa es que confundimos el síntoma con la cosa misma. Escribía la otra noche que la aflicción no es el truncamiento del amor conyugal sino una de sus fases regulares, como lo es la luna de miel. De lo que se trata es de vivir el matrimonio cabal y fielmente también a traves de esta fase. Si duele -y claro que duele- hay que aceptar el dolor como un elemento inherente a esta fase. No pretender esquivarlo a costa de la deserción o el divorcio, de matar al muerto por segunda vez. Éramos uña y carne. Ahora la uña se ha separado de la carne, no vamos a pretender que el dedo este completo. Seguiremos casados, seguiremos enamorados. Y, por tanto, seguiremos sufriendo. Pero, si nos aclaramos con nosotros mismos, no vamos a estar buscando el dolor por el dolor. Cuanto menos, mejor, para que el matrimonio se conserve. Y cuanta más alegría pueda haber el unión entre un vivo y un muerto, mejor también”.
LA ESPIRAL Y EL HIGADO DE PROMETEO
“Pero no de incumbencia juzgarlos. No pasan de ser conjeturas. Más me vale conservar el aliento para soplar sobre mi sopa y enfriarla. Sea como sea, mi programa lo tengo bien claro. Volver a ella con alegría las más veces que pueda. Hasta saludarla con una sonrisa. Cuando menos la lloro, más cerca me parece sentirla.
Un programa admirable. Sólo que, desgraciadamente, no se puede cumplir. Esta noche se me ha vuelto a abrir todo el infierno de la herida reciente; las palabras insensatas, el amargo resentimiento, el mariposeo en el estómago, la irrealidad de pesadilla, el baño de lágrimas. Porque en la pena nada se asienta. Está uno saliendo de una fase, pero siempre se repite. Vueltas y revueltas. Todo se vuelve a repetir. Avanzo en círculos. ¿O me atrevo a sostener que avanzo en espiral?
Pero además, en este caso, ¿voy hacia arriba de la espiral o hacia abajo?
¿Cuántas veces me voy a seguir sorprendiendo frente al inmenso vacío, como si se tratara de una novedad, y oyéndome decir: “Nunca me habia dado cuenta de lo que he perdido hasta este momento”. ¿Va a seguir siendo siempre así? Me amputan la misma pierna una y otra vez.
Dicen que los cobardes mueren muchas veces: eso le pasa a los seres amados.
¿No encontraba el águila un higado fresco en Prometeo para despedazarlo cada vez que cenaba?”
RETROCEDER Y VOLVER A SER FELIZ?
“Ahora, por ejemplo, hay una fase, una nueva pérdida. Camino todo lo que puedo, porque llegar a la cama sin estar muy cansado sería una locura. Hoy he estado repasando viejas apariciones, tomando una de las largas avenidas que me proporcionaron tanta felicidad en mis tiempos de bachillerato. Y en aquel tiempo la faz de la naturaleza no estaba vaciada de su hermosura y el mundo no parecía una calle mezquina (que es de lo que me quejaba hace pocos días). Por el contrario cada visión de horizonte, cada cuesta, cada grupo de arboles me remitían a una especie de bienestar pretérito, a mi felicidad pre-H. Pero la invitación se me hizo horrible. La felicidad a la que me sentía convidado era insípida. Me doy cuenta de que no quiero retroceder y volver a ser feliz de esa manera. Me asusta pensar incluso que sea posible una mera vuelta atrás. Porque este destino me parecía el peor de todos: lacanzar un estadio en el que mis años de amor y matrimonio pudieran aparecer retrospectivamente como un episodio encantador -como unas vaciones- que hubieran interrumpido brevemente mi interminable vida, devolviéndome luego inalterado a la normalidad. Y entonces llegaría a parecer irreal ese período, algo tan estraño de la textura habitual de mi historia que casi podría llegar a creer que le había ocurrido a otra persona. Con lo cual H. moriría para mí por segunda vez: una aflicción pero que la primera. Todo menos eso.
¿Te diste cuenta en algún momento, amor mío, de lo mucho que te llevaste contigo al morir? Me despojaste hasta de mi pasado, hasta de las cosas que nunca compartimos. Me equivoqué al decir que el muñón se estaba curando de los dolores de la amputación. Me engañaba, porque tiene tantas maneras de doler que solamente se pueden ir descubriendo una por una.”
MENUDO “EQUIPO”. “TODO VA A SALIR BIEN”.
“Con un equipo de cinco sentidos, una inteligencia incurablemente abstracta, una memoria que selecciona al azar, una serie de prejucios y asunciones tan numerosos que nunca logro examinar más que una pequeña parte si es que llego a ser consciente de ella; ¿Qué porcentaje de realidad total puede llegar a ser penetrado?
No pienso trepar, si puedo evitarlo, a ese árbol ya sea plumoso o espinoso. Dos convicciones totalmente diferentes me atenazan. Una es la de que el Eterno Cirujano es aún más inexorable y las posibles operaciones aún más dolorosas de lo que nuestras más rigurosas fantasías pueden sospechar. Pero la otra es la de que “todo va a salir bien, muy bien, y cualquier problema imaginable se va a arreglar”.
PREGUNTAS ABSURDAS
“Cuando le planteo estos dilemas a Dios, no hallo contestación. Aunque más bien es una forma especial de decir: “No hay contestación”. No es la puerta cerrada. Es más bien como una mirada silenciosa y en realidad no exenta de compasión. Como si Dios moviese la cabeza no a manera de rechazo sino esquivando la cuestión. Como diciendo: “Cállate, hijo, que no entiendes”.
¿Puede un mortal hacerle a Dios preguntas que para Él no tengan respuesta? Fácil que sea así, creo yo. Todas las preguntas disparatadas carecen de respuesta. ¿Cuántas horas hay en una milla? ¿El amarillo es cuadrado o redondo? Lo más probable es que la mitad de las cuestiones que planteamos, la mitad de nuestros problemas teológicos y metafísicos sean algo por el estilo.”
“Una pena en observación”, C. S. Lewis. versión de Carmen Martín Gaite. Editorial Anagrama, colección “Panorama de narrativas”
A mi me parece que es exactamente al contrario; creo que cuando el dolor llama a tu puerta, o mejor dicho cuando el dolor, descerraja tus goznes, y, como ariete, hace añicos tus puertas, es un acto de cobardia plantarse en "la vida sigue" (¡no permitas que te suelten tan estupida coletilla!).
Hay momentos en la vida, que uno se tiene que detener al borde del camino, y hacerse esas preguntas, que probablemente ha estado demorando... pero eso, mi querido amigo, es solo para "valientes", desde luego, no para debiles.
Y desde luego, nadie te pide que dejes tu "inteligencia" a un lado, y menos que hagas preguntas...
De C. S. Lewis, se pueden decir muchas cosas, pero desde luego ni era "un simple, ni gente inculta", estudio Filosofia y Literatura, fue profesor en Oxford y Cambridge, tutor y miembro del Consejo de Gobierno en Oxford. Tiene formidables articulos y libros. Un queridisimo amigo, me ha dejado un pequeño librito suyo que no conocía:
"Una pena en Observación"
C. S. Lewis. versión de Carmen Martín Gaite. Editorial Anagrama, colección "Panorama de Narrativas"
En el, el autor, enfrentado a la muerte de su esposa (H. la llama en el libro, por Hellen), toma una especie de diario en el que se va enfrentando con algunos de sus sentimientos y pensamientos... Tiene algunos realmente interesantes.
Os dejo una selección interesante, pero os recomiendo el libro:
LA PENA COMO MIEDO. ASI EMPIEZA EL LIBRO.
“Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo. Yo no es que esté asustado, pero la sensación es la misma que cuando lo estoy. El mismo mariposeo en el estómago, la misma inquietud, los bostezos. Aguanto y trago saliva.
Otras veces es como si estuviera medio borracho o conmocionado. Hay una especie de manta invisible entre el mundo y yo. Me cuesta mucho trabajo enterarme de lo que me dicen los demás. Tiene tan poco interés. Y sin embargo quiero tener gente a mi alrededor. Me espantan los ratos en que la casa se queda vacía. Lo único que querría es que hablaran ellos unos con otros, que no se dirigieran a mí”
NO HAY ABSOLUTOS. CADA HORA, CADA MOMENTO QUE LLEGA.
“ (...) Y sin embargo la propia H., cuando se estaba muriendo de cáncer, y perfectamente consciente de la cuestión, dijo que había perdido gran parte del horror que antes le tenía. Cuando llego la hora de la verdad, el hombre y la idea estaban ya desactivados en alguna medida. Y hasta cierto punto, casi lo entendí. Esto es muy importante. Nunca se encuentra uno precisamente con el Cáncer o la Guerra o la Infelicidad (ni tampoco con la Felicidad). Solamente se encuentra uno con cada hora o cada momento que llegan. Con toda clase de altibajos: cantidad de manchas feas en nuestros en nuestros mejores ratos y de manchas bonitas en los peores. No abarcamos nunca el impacto total de lo que llamamos “la cosa en sí misma”. Pero es que nos equivocamos al llamarla así. La cosa en sí misma consiste simplemente en todos estos altibajos, el resto no pasa de ser un nombre o una idea. Es increíble cuánta felicidad y hasta cuánta diversión vivimos a veces juntos, incluso después de que toda esperanza se había desvanecido. Qué largo y tendido, qué serenamente, con cuánto provecho llegamos a hablar aquella última noche, estrechamente unidos.”
EL ROSTRO DEL AMADO EN LA IMAGINACION, ¿POR QUÉ DIFÍCIL?
“No conservo ninguna fotografía suya donde quedara un poco bien. Ni siquiera en mi imaginación soy capaz de reproducir su cara con todo detalle. Y sin embargo, el rostro extraño de cualquier desconocido atisbado esta mañana entre la multitud puede presentarse ante mí con nítida perfección al cerrar los ojos por la noche. La explicación es bastante sencilla, creo yo. Los rostros de los seres a quien mejor hemos conocido, los hemos visto desde tantos ángulos, bajo tantos luces y dotados de tantos expresiones (paseando, durmiendo, riéndose, llorando, comiendo, hablando o pensando), que todas estas impresiones se nos enmarañan simultáneamente, dentro de la memoria y quedan confundidas en un simple borrón. Pero su voz está todavía viva. Su voz añorada que en el momento menos pensado me puede convertir en un niño que se echa a llorar.”
COPOS DE NIEVE. IMAGEN DIFUMINADA.
“Poco a poco, quedamente, como copos de nieve -como esos pequeños copos que empiezan a caer cuando va a nevar toda la noche-, así de pequeños copos de mí, de mis impresiones, de mis propias selecciones, se van posando sobre la imagen de ella. Al final, la silueta real quedará bastante difuminada. Diez minutos, diez segundos de la H. real corregirían todo esto. Y a pesar de todo, incluso si esos diez segundos fueran concedidos, un segundo más tarde los pequeños copos empezarían a caer de nuevo. El áspero, agudo, tonificante regusto de su otredad se ha esfumado”
¿QUE PASA CON EL MUNDO PARA QUE SE VUELVA TAN CHATO, TAN MEZQUINO?
“No es verdad que esté pensando siempre en H. El trabajo y la conversación me lo hacen imposible. Pero los ratos en que no estoy pensando en ella puede que sena los peores. Porque entonces, aunque haya olvidado el motivo, se estiende por encima de todas las cosas una vaga sensación de falsedad, de despropósito. Como en esos sueños en que no ocurre nada terrible -ni siquiera que parezca digno de mención al contarlos a la hora del desyuno-, y sin embargo la atmósfera y el sabor del conjunto son mortíferos. Pues igual. Veo rojear las bayas del fresno silvestre y durante unos instantes no entiendo por qué precisamente ellas pueden resultar deprimentes. Oigo sonar una campana y una cierta calidad que antes tenía su tañido se ha esfumado en él. ¿Qué pasa con el mundo para que se haya vuelto tan chato, tan mezquino, para que parezca tan gastado? Y entonces caigo en la cuenta.
Ésta es una de las cosas que más miedo me dan. Las agonías, los momentos nocturnos de locura, siguiendo un curso natural, tendrán que acaban por desvanecerse. Pero ¿y qué viene luego? ¿Nada más que esta apatía, esta mortal insulsez? ¿Llegará un día en que deje de chocarme que el mundo me parezca una calle tan estrecha, por haber llegado a aceptar la sordidez como cosa normal? ¿Es que la pena acaba por desleírse en aburrimiento matizado por una ligera náusea?”
CUANDO SUBE LA APUESTA. UN PUÑETAZO QUE ENTONTECE.
“Sentimientos, sentimientos, sentimientos. Vamos a ver si en vez de tanto sentir puedo pensar un poco. Desde un punto de vista racional, ¿qué nuevo factor ha introducido la problemática del universo de la muerte de H.? ¿Qué pie me ha dado para dudar de todo lo que creo? Yo ya sabía que estas cosas, y otras peores, ocurren a diario. Y habría jurado que contaba con ello. Me habían advertido -y yo mismo estaba sobre aviso- que no contara con la felicidad terrenal. Incluso ella y yo nos habíamos prometido sufrimientos. Eso formaba parte del programa. Nos habían dicho: “Bienaventurados los que lloran”, y yo lo aceptaba. No me ha pasado nada que no tuviera previsto. Claro que es diferente cuando una cosa así le pasa a uno y no a los demás, cuando pasa en realidad, no a través de la imaginació. Sí, pero a pesar de todo, ¿puede suponer una diferencia tan enorme para un hombre en sus cabales? No. Ni tampoco para un hombre cuya fe no fuera de pacotilla y al que de verdad le importaran los sufrimientos ajenos. La cuestión está bien clara. Si me han derribado la casa de un manotazo, es porque se trataba de un castillo de naipes. La fe que “contaba con todas esas cosas” no era fe, sino simple imaginación. Tomarlas en cuenta no significaba simpatizar realmente con ellas. Si a mí me hubieran importado -como creí que me importaban- las tribulaciones de la gente, no me habría sentido tan disminuido cuando llegó la hora de mi propia tribulación. Se trataba de una fe imaginaria jugando con fichas inocuas donde se leía “Enfermedad”, “Dolor”, “Muerte” y “Soledad”. Me parecía que tenía confianza en la cuerda hasta que me importó realmente el hecho de que sujetara o no. Ahora que me importa, me doy cuenta de que no la tenía.
Los jugadores de bridge me dicen que tiene que haber algun dinero circulando en juego porque si no “la gente no se lo toma en serio”. Parece que esto también es algo así. Se puede apostar por Dios, por un Dios bueno o por el Sádico del Cosmos, por la vida eterna o por la nada, pero depende de lo que se haya expuesto en el envite el que éste sea serio o no lo sea. Y nunca se entera uno de lo serio que era hasta que las apuestas se disparan a una altura horrible; hasta que se da uno cuenta de que no está jugando con fichas o con calderilla, sino que lo que está en juego es hasta el último penique que puede llegar a adquirirse en el mundo. Nada más que eso es capaz de zarandear a un hombre -o por lo menos a un hombre como yo- y sacarlo de sus pensamientos de boquilla y de sus creencias meramente especulativas. Tiene que sentirse entontecido por el puñetazo para poder volver luego a sus cabales. Solamente la tortura saca a la luz la verdad. Sólo bajo tortura podrá el hombre descubrirse a sí mismo.
Y seguramente también trendré que admitir -H. me habría obligado a admitirlo de inmediato- que, is mi casa era un castillo de naipes, cuanto antes me lo derribaran, mejor. Y ese derribo no lo logra más que el sufrimiento. Pero ahí es donde el Sádico del Cosmos y Eterno Despiezador se convierte en una hipótesis innecesaria.”
SÁDICO/CIRUJANO. BALBUCEOS. SI PUEDERA PONERME EN SU LUGAR...
“Lo más horrible es que, en estos asuntos, un Dios bueno a carta cabal resulte menos de temer que un Sádico del Cosmos. Cuanto más creemos que Dios nos hace daño solamente por nuestro bien, menos capaces somos de concebir que implorar compasión no vaya a servir de nada. Un hombre cruel puede ser sobornado, puede llegar a cansarse de su abyecto deporte, puede tener un ataque transitorio de piedad, igual que los alcohólicos atraviesan fases de sobriedad. Peor imagina quien te pone en una aprieto es un cirujano cuyas intenciones son buenas sin sombra de maldad alguno. Cuanto más acendradas sean su bondad y su esmero, más inexorable se mostrará en manejar el bisturí. Si cediese a nuestras suplicas, is interrumpiese la operación antes de darla por concluida, todo el dolor padecido hasta ese momento no habría servido para nada. Pero ¿es posible creer que una tortura llevada a tales extremos le venga bien a nadie? En fin, cada uno que piense lo que quiera. Las torturas tienen lugar. Si son innecesarias, es que no existe Dios o que el que hay es malo. Si existe un Dios bienintencionado, será que esas torturas son necesarias. porque ningún Ser medianamente bueno podría infligirlas o permitírselas, si hubiera ota remedio.
De un modo o de otro, hay que pasarlas.
¿Qué quiere decir la gente cuando afirma: “Yo a Dios no le tengo miedo porque sé que es bueno”? ¿Han ido al dentista alguna vez?
El caso es que esto es insoportable. Y me pongo a balbucear: “Si pudiera aguantarlo, o por lo menos una parte, la peor, sufrirlo yo en vez de ella.” Pero no se puede saber hasta qué punto va en serio esta oferta, porque en realidad no se ha apostado nada. Si de repente “sufrir en vez de ella” se convirtiera en una posibilidad real, entonces por primera vez nos daríamos cuenta de la importancia de su significado. ¿Se nos ha permitido esto alguna vez?.
Se le permitio a una Persona, según nos han contado, y me doy cuenta de que ahora puedo volver a creer que Él hizo en nombre de otro todo lo que es posible hacer en ese sentido. Y Él contesta a nuestro balbuceo: “No puedes y no te atreves. Yo pude y me atreví”.”
PENA COMO MIEDO... SUSPENSE. EL MOTORCITO DE RESERVA EN LA TEMPESTAD
“¿Por qué le doy cabida en mi mente a tanta basura y bagatela? ¿Acaso espero que disfrazando de pensamiento mi sentir, voy a sentir menos intensamente? ¿No son todas estas notas las contorsiones sin sentido de un hombre incapaz de aceptar que lo único que podemos hacer con el sufrimiento es aguantarlo? Un hombre empeñado en seguir pensando que hay alguna estrategia (que es cuestión de encontrarla) capaz de lograr que el dolor no duela. Pero en realidad da igual agarrarse crispadamente a los brazos del sillón del dentista que dejar las manos reposando en el regazo. El taladro taladra igual.
Y la pena se sigue sintiendo como miedo. Aunque tal vez fuera más exacto decir que como un “suspense”. O como una expectativa; eso es. Es como estar colgado a la espera de algo que va a pasar. Esto confiere a la vida una sensación permanente de provisionalidad. Parece como si no valiera la pena empezar nada. No soy capaz de encontrar asiento, ando azogado y nervioso, bostezo, fumo muchísimo. Antes nunca llegaba a tiempo para nada. Ahora no hay nada más que tiempo. Tiempo en estado casi puro, una vacía continuidad.
Éramos uña y carne. O, si lo preferís, un solo barco. El motor de proa se fue al garete. Y el motorcito de reserva, que soy yo, tienen que ir traqueteando a duras penas hasta tocar puerto. O, mejor dicho, hasta que acabe el viaje. ¿Como voy a poder alcanzar el puerto? Más que una orilla resguardada, lo que hay es una noche oscura, un huracán ensordecedor, olas gigantes que se te echan encima y el oscilar en el naufragio de cualquier luz que brille en tierra. Así era la recalada de H. Y también la de mi madre. Me refiero a su forma de avistar tierra, no a su forma de llegar”
COPAS. MATRIMONIO... SU PROPIO NIVEL DE PERFECCIÓN
“Salomón llama Hermana a su novia. ¿Pudo ser una una mujer esposa cabal sin que en algún momento, bajo un peculiar estado de ánimo, un hombre no se sintiera inclinado a llamarla Hermana?
De nuestro matrimonio me veo tentado a decir “que era demasiado perfecto para durar”. Pero esto puede entenderse en dos sentidos. Se puede tomar como una frase encarnizadamente pesimista, como si Dios, en cuanto se hubiera dado cuenta de que dos de sus criaturas eran felices, hubiera dado el frenazo (“¡Aqui no consentimos nada de eso!”). Como la anfitriona de una fiesta cuando separa a dos de sus invitados tan pronto como éstos dan muestras de estar anudando una verdadera conversación. Pero también puede querer decir: “Este asunto ha alcanzado su propio nivel de perfección. Ya ha llegado adonde estaba llamado a llegar. Así que no hay razón para que se prolongue”. Como si Dios dijera: “Está bien, habéis hecho una obra maestra de este ejercicio. Estoy muy contento de ello. Y ahora ya estáis capacitados para acceder al próximo•. Una vez que ha aprendido uno a hacer ecuaciones de segundo grado y a divertirse haciendolas, no hay por qué seguir demorándose en ello. EL profesor nos incita a progresar.”
VIRTUDES “MASCULINAS Y FEMENINAS”
“Porque realmente aprendimos algo y lo llevamos a su consumación. Ya se esconda o se ostente, hay siempre una espada entre uno y otro sexo, hasta que un matrimonio cabal los reconcilia. En nosotros, los hombres, es arrogancia llamar “masculinas” a la franqueza, la justicia, y la caballerosidad, cuando se dan en una mujer. Y en ellas es arrogancia adjetivar de “femeninos” el tacto, la ternura y la sensibilidad de un hombre. Pero también lo más que pueden hacer esos pobres y pervertidos fragmentos de humanidad, meros hombres y mujeres, es sacar provecho de las implicaciones de esta arrogancia. El matrimonio brinda un remedio. Juntándose uno con otro llegan a ser plenamente humanos. “Dios los creó a su imagen y semejanza”. Y de ahí se deriva, paradójicamente, que este carnaval de sexualidad nos conduzca más allá de nuestro propio sexo.”
“ENVIADAS PARA PROBARNOS”
“¿Y hasta dónde he llegado con esto? Pues creo que tan lejos como un viudo de otra indole que, dejando por un momento de curvarse sobre el azadón, contestase así a nuestras preguntas: “Alabado sea Dios. De nada sirve lamentarse. La echo de menos de una manera horrible. Pero dicen que estas cosas nos vienen enviadas para probarnos”. Hemos llegado al mismo punto: él con su azadón, y yo -que no estoy ahora precisamente en condiciones de ponerme a cavar- con mi propio instrumento. Claro que lo de “enviadas para probarnos” conviene entenderlo a derechas. Dios no ha estado ensayando un experimento sobre mi fe o mi amor con vistas a poner en claro sus calida. Esa calidad ya la conocía Él. Era yo quien no la conocía. En este juicio Dios nos obliga a ocupar al mismo tiempo el banquillo de los acusados, el escaño de los testigos y el tribunal. Él siempre supo que mi templo era un castillo de naipes. Su única manera de metérmelo en la cabeza era desbaratarlo.”
EL “RESTABLECIMIENTO”.
“¿Tan facil era el restablecimiento? Pero no, las palabras son ambiguas. Decir de un paciente que se está restableciendo tras una operación de apendicitis es una cosa, y otra muy distinta aplicárselo a alguien a quien han amputado una pierna. En una operación como está, una de dos: o el muñón herido cicatriza o el paciente muere. Si cicatriza, el atroz y continuado dolor cesará. Ese hombre, en adelante, tendrá que sacar fuerzas de flaqueza para andar lo mejor posible con la pata de palo. Se ha operado “un restablecimiento”. Pero lo más probable es que a lo largo de toda su vida siga teniendo dolores recurrentes en el muñón, y seguramente bastante malos de aguantar. Y siempre será un hombre con una pierna mutilada. Será difícil que pueda olvidarlo ni por un momento. Al bañarse, vestirse, sentarse y volverse a levantar, incluso estar metido en la cama, todo se habrá vuelto distinto. Habrá cambiado su estilo total de vida. Toda clase de placeres y actividades que antaño daba por naturales, de pronto le están vedados sin más. Y tambien los derechos. Ahora estoy aprendiendo a andar con muletas. Dentro de poco puede que me pongan una pierna ortopédica. Pero nunca más volvere a ser un bípedo.
No se puede negar que en cierto sentido “me encuentro mejor”, pero de repente con eso me viene una especie de vergüenza y la sensación de que estoy sometido a algo así como un deber de mimar, fomentar y hacer duradera mi propia infelicidad. Había oído hablar de esto en los libros, pero nunca imaginé que me iba a pasar a mí. Estoy seguro de que a H. no le gustaría. Me diría que no fuera tonto. Y casi seguro que Dios me diría lo mismo. ¿Qué se oculta detras de todo esto?
En parte vanidad, sin duda. Queremos mostrarnos a nosotros mismos que somos amantes superiores, héroes de tragedia griega. No seres corrientes y molientes engrosando el inmenso batallón de los afligidos y esforzándose por sacarle el mejor partido posible a una tarea ingrata. Pero con esto no queda totalmente explicado el asunto.
Creo que es tambien una cuestión de despiste. No deseamos realmente que la pena se prolongue en su primer estadio de agonía. Nadie podría desear eso. Pero deseamos algo más, algo de lo que la pena es normal síntoma, y lo que pasa es que confundimos el síntoma con la cosa misma. Escribía la otra noche que la aflicción no es el truncamiento del amor conyugal sino una de sus fases regulares, como lo es la luna de miel. De lo que se trata es de vivir el matrimonio cabal y fielmente también a traves de esta fase. Si duele -y claro que duele- hay que aceptar el dolor como un elemento inherente a esta fase. No pretender esquivarlo a costa de la deserción o el divorcio, de matar al muerto por segunda vez. Éramos uña y carne. Ahora la uña se ha separado de la carne, no vamos a pretender que el dedo este completo. Seguiremos casados, seguiremos enamorados. Y, por tanto, seguiremos sufriendo. Pero, si nos aclaramos con nosotros mismos, no vamos a estar buscando el dolor por el dolor. Cuanto menos, mejor, para que el matrimonio se conserve. Y cuanta más alegría pueda haber el unión entre un vivo y un muerto, mejor también”.
LA ESPIRAL Y EL HIGADO DE PROMETEO
“Pero no de incumbencia juzgarlos. No pasan de ser conjeturas. Más me vale conservar el aliento para soplar sobre mi sopa y enfriarla. Sea como sea, mi programa lo tengo bien claro. Volver a ella con alegría las más veces que pueda. Hasta saludarla con una sonrisa. Cuando menos la lloro, más cerca me parece sentirla.
Un programa admirable. Sólo que, desgraciadamente, no se puede cumplir. Esta noche se me ha vuelto a abrir todo el infierno de la herida reciente; las palabras insensatas, el amargo resentimiento, el mariposeo en el estómago, la irrealidad de pesadilla, el baño de lágrimas. Porque en la pena nada se asienta. Está uno saliendo de una fase, pero siempre se repite. Vueltas y revueltas. Todo se vuelve a repetir. Avanzo en círculos. ¿O me atrevo a sostener que avanzo en espiral?
Pero además, en este caso, ¿voy hacia arriba de la espiral o hacia abajo?
¿Cuántas veces me voy a seguir sorprendiendo frente al inmenso vacío, como si se tratara de una novedad, y oyéndome decir: “Nunca me habia dado cuenta de lo que he perdido hasta este momento”. ¿Va a seguir siendo siempre así? Me amputan la misma pierna una y otra vez.
Dicen que los cobardes mueren muchas veces: eso le pasa a los seres amados.
¿No encontraba el águila un higado fresco en Prometeo para despedazarlo cada vez que cenaba?”
RETROCEDER Y VOLVER A SER FELIZ?
“Ahora, por ejemplo, hay una fase, una nueva pérdida. Camino todo lo que puedo, porque llegar a la cama sin estar muy cansado sería una locura. Hoy he estado repasando viejas apariciones, tomando una de las largas avenidas que me proporcionaron tanta felicidad en mis tiempos de bachillerato. Y en aquel tiempo la faz de la naturaleza no estaba vaciada de su hermosura y el mundo no parecía una calle mezquina (que es de lo que me quejaba hace pocos días). Por el contrario cada visión de horizonte, cada cuesta, cada grupo de arboles me remitían a una especie de bienestar pretérito, a mi felicidad pre-H. Pero la invitación se me hizo horrible. La felicidad a la que me sentía convidado era insípida. Me doy cuenta de que no quiero retroceder y volver a ser feliz de esa manera. Me asusta pensar incluso que sea posible una mera vuelta atrás. Porque este destino me parecía el peor de todos: lacanzar un estadio en el que mis años de amor y matrimonio pudieran aparecer retrospectivamente como un episodio encantador -como unas vaciones- que hubieran interrumpido brevemente mi interminable vida, devolviéndome luego inalterado a la normalidad. Y entonces llegaría a parecer irreal ese período, algo tan estraño de la textura habitual de mi historia que casi podría llegar a creer que le había ocurrido a otra persona. Con lo cual H. moriría para mí por segunda vez: una aflicción pero que la primera. Todo menos eso.
¿Te diste cuenta en algún momento, amor mío, de lo mucho que te llevaste contigo al morir? Me despojaste hasta de mi pasado, hasta de las cosas que nunca compartimos. Me equivoqué al decir que el muñón se estaba curando de los dolores de la amputación. Me engañaba, porque tiene tantas maneras de doler que solamente se pueden ir descubriendo una por una.”
MENUDO “EQUIPO”. “TODO VA A SALIR BIEN”.
“Con un equipo de cinco sentidos, una inteligencia incurablemente abstracta, una memoria que selecciona al azar, una serie de prejucios y asunciones tan numerosos que nunca logro examinar más que una pequeña parte si es que llego a ser consciente de ella; ¿Qué porcentaje de realidad total puede llegar a ser penetrado?
No pienso trepar, si puedo evitarlo, a ese árbol ya sea plumoso o espinoso. Dos convicciones totalmente diferentes me atenazan. Una es la de que el Eterno Cirujano es aún más inexorable y las posibles operaciones aún más dolorosas de lo que nuestras más rigurosas fantasías pueden sospechar. Pero la otra es la de que “todo va a salir bien, muy bien, y cualquier problema imaginable se va a arreglar”.
PREGUNTAS ABSURDAS
“Cuando le planteo estos dilemas a Dios, no hallo contestación. Aunque más bien es una forma especial de decir: “No hay contestación”. No es la puerta cerrada. Es más bien como una mirada silenciosa y en realidad no exenta de compasión. Como si Dios moviese la cabeza no a manera de rechazo sino esquivando la cuestión. Como diciendo: “Cállate, hijo, que no entiendes”.
¿Puede un mortal hacerle a Dios preguntas que para Él no tengan respuesta? Fácil que sea así, creo yo. Todas las preguntas disparatadas carecen de respuesta. ¿Cuántas horas hay en una milla? ¿El amarillo es cuadrado o redondo? Lo más probable es que la mitad de las cuestiones que planteamos, la mitad de nuestros problemas teológicos y metafísicos sean algo por el estilo.”
“Una pena en observación”, C. S. Lewis. versión de Carmen Martín Gaite. Editorial Anagrama, colección “Panorama de narrativas”


1 Comments:
Supongo que Lewis jamás imaginó que este libro tocaría tantos corazones, como los nuestros. Gracias por compartir, gracias por ser un buen amigo, gracias por estar allí. Sé que lo que compartes sale de un corazón herido, pero sanado por la gracia de Dios. ¡Un abrazo!
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